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El trabajo, esfuerzo sagrado

#promovemoslaEspiritualidad #carmelitasdescalzos


Por Benjamin Guayanay, OCD




Con sus manos creadoras, Dios ha moldeado a cada creatura y nos ha regalado a los seres humanos gratuitamente la creación entera para que la cuidemos y administremos sabiamente.

 

Entremos en algunas consideraciones acerca de cómo percibimos a Dios recreándose en cada creatura y moldeando el corazón del ser humano; cómo san José se encuentra sumergido en Dios, y desde ahí se desprende su laboriosidad; y de qué manera el ser humano está directamente implicado en lo que construye y el alcance que puede desprenderse de aquello.

 

Dios sigue trabajando por dentro en el corazón de cada persona.

 

Como lo escuchamos de labios del Señor: Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo (Jn 5,17). Estamos frente a una perla de mucho valor: la humanidad de Jesucristo está recreada y movida por dentro por su Padre Dios, es decir, Jesucristo nos revela que su rostro laborioso se desprende del movimiento creador del Padre. Más aún, la interioridad del Maestro ha sido cultivada y movida por el Espíritu de Dios. Así, cuando Jesucristo sana integralmente a un enfermo o multiplica los panes, es Dios quien está trabajando en la persona del Señor. El primer labrador que cultiva la interioridad del ser humano es el Creador, así, el trabajo que despliega el ser humano de hoy debe ser para alabar al Hacedor.

 

El hombre ha sido artífice de la construcción de la cultura y al verse sumergido en la creación la ha manipulado, no siempre con el afán de humanizarse, sino que en ocasiones ha transformado la materia para dar rienda suelta a su ambición de conquista. El hombre, en la transformación de la materia, ha realizado distintas labores a las cuales denomina trabajo. Entendemos por trabajo no solamente aquellos oficios que implican esfuerzo físico, también trabajo intelectual, el trabajo que plasman un sinnúmero de madres a través de las labores del hogar, etc. Cualquier forma de trabajo digno conlleva esfuerzo y responsabilidad.

 

El hombre es responsable de gestar con su trabajo formas en las que se dé cuenta de su pertenencia como parte activa del pueblo de Dios. En la misma línea, afirma el Papa Francisco: El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas1.

 

San José, hombre trabajador, sacra-mentalizó todo lo que tocó, porque estaba sumergido integralmente en Dios. Por eso, con sus finas pinceladas ayudó a moldear el corazón de su Hijo Jesucristo. Con san José caemos en cuenta de que no es concebible un universo desacralizado (mundo sin Dios); cada creatura es concebida como huella de su primer origen, el Hacedor.


Finalmente, San José es un cualificado trabajador, porque su laboriosidad se desprende del mismo Dios. Por lo que corresponde al hombre de hoy, es tiempo de hacer un alto en el camino para arrodillarse frente al que es el dueño del trabajo, Jesucristo, el Señor, para que desde Él, su actividad laboriosa se cualifique.

 

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