El arte de vivir el sufrimiento: Belleza, buen humor y libertad, ¿en tiempos de pandemia? (2a parte)

Jennifer del Carmen Uzcátegui Gómez

#YoPromuevoMiEspiritualidad

2.- El Buen Humor

“El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos (…) Los intentos para desarrollar el sentido del humor y ver las cosas bajo una luz humorística son una especie de truco que aprendimos mientras dominábamos el arte de vivir, pues aún en un campo de concentración es posible practicar el arte de vivir, aunque el sufrimiento sea omnipresente.” V. Frankl/ El Hombre en busca de sentido


El humor es un asunto serio, porque implica el uso de la inteligente y de la voluntad para ver el sentido profundo de la realidad y los acontecimientos, con una visión trascendente de la vida y de la propia existencia. A reír también se aprende. No la risa que es un estallido desenfrenado por un chiste vulgar o una bobada graciosa, ni la risa cruel de quien se burla y ridiculiza el pesar ajeno, sino la alegría propia de un creyente que ve más allá de las dolorosas circunstancias. El humor no tiene por qué ser evasión aunque muchas veces lo sea. El dolor y el sufrimiento son una realidad.


El buen humor es producto de la alegría y puede ser considerado fruto de la vida interior porque implica un ejercicio de la interioridad. Vernos tal cual somos con humildad y sencillez, con un ahora cuyo destino final es la eternidad, viviendo circunstancias y momentos difíciles que no podemos evadir ni controlar. Para ello es muy importante conocernos muy bien, que es tarea de todos los días. Conocernos con nuestras muchas limitaciones y tendencias, pero también con todas las capacidades y buenas intenciones de hacer bien lo que podemos y debemos. Esto implica por supuesto un abandono y confianza en nuestro Padre Dios. De la realidad de sabernos muy amados y miles de veces perdonados, es de donde nace la verdadera alegría.


Si conocemos nuestras miserias y tenemos presente las muchas veces que Dios nos ha perdonado, pero sobre todo lo mucho que nos ama, es muy fácil no hacer un drama de los defectos propios y ajenos, de las circunstancias, que siempre son pasajeras, porque al final “todo pasa”.


El no tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos, el sabernos seres contingentes, nos permitiría sonreír con más frecuencia. Tendemos a tomar muy en serio nuestras vanidades, caprichos, egoísmos y todas esas ideas absurdas que sustentan nuestro egocentrismo y que siempre nos hacen creer que somos “más” de lo que, los otros, son capaces de darse cuenta. Nos hacemos víctimas de las circunstancias, del tiempo, de los otros y un largo etcétera. Y si, pudiera ser que, en algún momento lo somos, no estamos solos porque hay alguien, que mucho nos ama y no nos abandona nunca.


Si en cambio, nos tomáramos más en serio lo necesitados que estamos de la misericordia de Dios. Creernos de una vez por todas que somos sus hijos, y que podemos confiar y abandonarnos en sus brazos amorosos, entonces cómo no sonreír y estar serenamente alegres ante cualquier circunstancia y ser cada vez más misericordiosos.


La pandemia al encerrarnos en nuestras casas, nos ha dejado con un público reducido, llevándonos a convivir con nosotros mismos y los nuestros. Ahora nuestros espectadores son: Dios que es nuestro Padre, las personas que comparten con nosotros el mismo espacio y nosotros mismos.


Para todos, este ha sido un tiempo de aprendizaje y un tiempo así, siempre será un tiempo que recordaremos, muy probablemente con gozosa alegría, porque aunque mucho hayamos perdido y sufrido, lo recordaremos como la prueba que ya pasó y superamos. Es un tiempo en el que crecimos para adentro, no podemos desaprovecharlo estando amargados ni sumidos en la tristeza, que siempre es pasajera. Porque al final todo siempre pasa.


“No se veían las plantas cubiertas por la nieve. -Y comentó, gozoso, el labriego dueño del campo: ‘ahora crecen para adentro’.-Pensé en ti: en tu forzosa inactividad...-Dime: ¿creces también para adentro?” San Josemaría Escrivá.


Bien sabía Santa Teresa de Ávila el valor de la alegría y del buen humor y así nos lo comunica hasta el día de hoy a través de varias afirmaciones al respecto:


"tristeza y melancolía no las quiero en casa mía"


"un santo triste es un triste santo" y "Dios nos libre de los santos encapotados”.


(continuará...)

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