En búsqueda del verdadero sentido de la navidad

Iván Lima Rosero, OCDS (Carmelo Seglar del Instituto de Espiritualidad)

#YoPromuevoMiEspiritualidad


En la época de navidad los cristianos sentimos júbilo al conmemorar el nacimiento de Jesús, la palabra navidad significa “nacimiento”, y es el cumpleaños de Jesús nuestro redentor, es un tiempo propicio para la fiesta, para una celebración íntima y gozosa. En el nacimiento de Jesús, es cuando definitivamente se muestra la fidelidad y el amor de Dios. Tenemos que recordar que no somos nosotros los que hacemos un favor o un homenaje a Dios celebrando la Navidad, sino que es El quien nos envuelve en su amor, quien nos visita y nos redime, haciéndonos objeto de sus promesas y su fidelidad. Es Dios quien en primer lugar piensa en nosotros y no nosotros en El.



Hace ya algunas generaciones, el verdadero sentimiento de la Navidad, ha variado y tomado otros rumbos, que distrae la esencia de esta celebración. Las diversas olas migratorias en un mundo cambiante, y el movimiento continuo de personas entremezcla costumbres, la inculturación se hace presente, y para los “emprendedores” se presenta una oportunidad de “hacer negocios”.



Producto de la mezcla de costumbres y tradiciones, la época de navidad se transforma en una temporada de festividades, que termina con la conmemoración de la Epifanía o más comúnmente conocida como la fiesta de los reyes magos, símbolo expresivo del mostrarse de Dios ante los pueblos paganos. La gratitud de los reyes magos es mostrar por medio de entrega de obsequios (incienso, mirra y oro), y con el simbolismo expresivo narrado por los escritores de las sagradas escrituras, la presencia de la universalidad de la humanidad del Hijo de Dios, a quien adoramos, alabamos y glorificamos.



Este ejemplo de los reyes magos de entrega de presentes a Jesús niño, sirvió para crear la tradición de obsequiar juguetes a los pequeños, y regalos a los adultos. Recuerdo mi niñez con mis hermanos, en el mes de diciembre, armábamos el “pesebre”, lo conformaba una choza donde estaban las imágenes de San José, la Virgen, el buey y el asno, y acompañados pastores y sus ovejas, de pueblos, bosques, caminos, lagos, etc dando rienda suelta a la imaginación y al ingenio infantil. Escribíamos la carta al “Niño Jesús”, indicando que nos habíamos portado bien en el año que discurría y en términos sencillos, dábamos a conocer nuestras preferencias del regalo solicitado. Esta ilusión, también nos envolvía en la emoción de rezar con devoción y confianza la novena al Niño Jesús, y esta fe profunda se veía recompensada porque el día 25 de Diciembre los regalos aparecían con por arte de magia al pie del pesebre.



Algunas tradiciones se han mantenido hasta nuestros días; pero, en pocas familias, y algunas comunidades religiosas; lo tradicional se ha cambiado a la visita de los centros comerciales, para dejarse aficionar por las ofertas, descuentos, que enceguecen nuestra voluntad y terminamos comprando objetos, aún sin una real necesidad. Las “ciencias” de la publicidad y el marketing, han logrado que nuestra mirada se desvíe hacia lo material, y se deje de lado lo verdadero y significativo, que es nuestra espiritualidad, aquello que trasciende.



El tiempo y las costumbres han opacado el verdadero sentido de la navidad, y se ha orientado hacia actividades que no tienen otro fin sino motivar el consumismo, orientado a una economía de mercado desbordante que no crea satisfacciones duraderas, y genera inequidad, porque mientras ciertos grupos sociales pueden darse el lujo de tener un gozo temporal y una felicidad pasajera, los más vulnerables y desposeídos sufren ante la inalcanzable oferta publicitaria, de los medios de comunicación, de un mundo aparentemente bonito pero carente del verdadero sentido del hombre en la tierra, que es trascender hacia el encuentro definitivo con nuestro Señor en la eternidad.



De repente, ¡irrumpe una noticia!, cada medio de comunicación más sensacionalista que otro, anuncia la llegada y presencia inminente de un enemigo invisible, al principio inclusive hasta sin nombre, y luego más pronto que tarde ya está en nuestro país. Dada la expansión del virus a nivel mundial, la OMS declara que estamos frente a una pandemia, y al bichito causante se le asigna el nombre de COVID-19, y la humanidad entra en una suerte de histeria colectiva que los gobiernos tratan de apaciguar con medidas de confinamiento y restricciones en varios niveles de la cotidianidad humana.

Ya cerca de la temporada de Navidad, observamos que el virus no se ha aplacado por si solo, como en otras pandemias que se han presentado a lo largo de la historia de la humanidad, al contrario se escucha noticias no tan alentadoras, por ejemplo de mutaciones del virus, que generan incertidumbre de la efectividad de las vacunas tan anunciadas. También, se escucha las nuevas olas de contagios en países de Europa, es decir el virus no se ha ido, y tendremos que enfrentar la alegría de la navidad con nuevos lineamientos.



Se dice, que las crisis bien aprovechadas, generan oportunidades, y porque no pensar que es ésta una oportunidad para recobrar viejas tradiciones del verdadero sentido de la navidad, celebrar el recuerdo de aquel regalo maravilloso de la presencia de Dios hecho hombre, y todo el legado de sus enseñanzas de los evangelios. Festejar, alabar y glorificar a Dios, por darnos el regalo del perdón de las faltas del mundo, y brindarnos la esperanza de trascender hacia la presencia de Dios, después de nuestra estadía en este mundo. Tenemos hoy la oportunidad de mirar con nuevos ojos al cielo, y decir a Dios gracias por cada amanecer, por el techo que nos cobija, por mi familia, mi trabajo, en fin gracias por el don de la vida.



Tenemos la gran oportunidad de celebrar una navidad reflexiva, dejarnos mirar por Dios, con esa mirada amorosa que solo Él puede dar, porque Dios es amor puro, que mira a nuestro corazón, para encender en nosotros el fuego del amor. Tendremos una temporada navideña menos ruidosa, apaciguados los ruidos exteriores, y también intentar calmar nuestros ruidos interiores, porque será una navidad más despreocupada de lo material, nos liberamos del trajinar de acudir a los centros comerciales en la búsqueda de comprar objetos por regalar; en las empresas y oficinas limitarán las cenas y fiestas navideñas, por las restricciones impuestas por los órganos encargados de regular aforos, horarios de toques de queda, venta de licores, etc.



En esta navidad, y con la acechanza del Covid-19, tenemos la ventaja de poder utilizar las tecnologías de la información y comunicación, para establecer un acercamiento frente a las distancias. La adquisición de computadores portátiles, tablets, celulares, es accesible para un buen porcentaje de la población; los programas de comunicación, como teleconferencias están más difundidos y cada vez son más fáciles de utilizar; esto permitirá, que las celebraciones religiosas de la navidad sean visibles, aunque añoraremos la presencia y euforia del calor humano, que estas celebraciones brindan



En lo personal me regocijo, porque disfrutaré una navidad calmada, en la fraternidad de mis cercanos, aunque tengo que manifestar con nostalgia, que algunos familiares se quedaron sin poder cruzar la frontera, y no contaremos con su presencia, porque la pandemia obligó a los países a limitar la movilidad, y varios de mis familiares no podrán estar con nosotros.



El confinamiento interior, también ocasionado por el Covid-19, nos da espacios y tiempo para encontrar la soledad que necesitamos para estar en compañía de Dios que es una presencia, escuchar su palabra, porque soledad y silencio es la cuna de las palabras, podré escuchar a Dios que me habla, sentiré la paz de experimentar una soledad acompañada de aquel que es puro amor, que es Dios.



La nueva normalidad, nos limita. La campaña de “quédate en casa” resuena. Las normas de aplicación de la bioseguridad, son el pan de cada día. Mi hogar es mi refugio, y en esta navidad voy a tener el privilegio de festejar la presencia de Jesús en el mundo, nacido de la Virgen María, como un regalo de amor, es Dios con nosotros, es el mayor regalo que Dios Padre ha entregado a la humanidad. Y este regalo de amor, es el niño Jesús en la celebración de la Navidad.



El virus Covid-19 sigue su incursión y rápida propagación por el mundo, sin mucha esperanza de que ésta amenaza termine pronto, ya estamos casi en los linderos del mes de diciembre, y debemos pensar en la seguridad de nuestros seres queridos; esto nos lleva a volver nuestra mirada a las tradiciones navideñas de antaño, y recuperar las tradiciones y costumbres navideñas de las comunidades de nuestros santos carmelitas, como santa Teresa y san Juan de la Cruz.



Santa Teresa, “inquieta y andariega”, mística y muy humana, festejaba la navidad con gran regocijo, en compañía de sus hermanas de comunidad religiosa, con una celebración íntima y gozosa. Teresa escribió un conjunto de poemas con temática navideña, compuestos para deleitarse con sus hermanas. Teresa de Jesús impulsó una concepción humanística de la vida conventual y de clausura; Ella introdujo en las normas conventuales, un espacio para la recreación de las monjas, para que no estuvieran tristes, y con alegría promovía el canto de coplas, villancicos, y preparaban algunas representaciones que se realizan en torno a los misterios de la navidad, como los pases del niño, o la tradición de las posadas. Tampoco estaba ausente la música, que animaba a las religiosas.



También, San Juan de la Cruz, participaba en las representaciones del misterio de la navidad, en la búsqueda de posada para los sagrados esposos, y precisamente ésta tradición se denomina “posadas”, que en algunos países como México, aún se revive ésta tradición. Y se entonaban versos como el siguiente:



“Del Verbo Divino

La Virgen preñada

Viene de camino

¿Si le dais posada?



El Nacimiento de Jesús no se presentaba aislado del misterio pleno de la redención, todo ello con un notable carácter popular y bajando desde las altas teologías, como escribe la propia madre Teresa en sus villancicos.



“Danos el Padre a su único Hijo; hoy viene al mundo en pobre cortijo. ¡Oh gran regocijo, que ya el hombre es Dios! No hay que temer:

Muramos los dos.



En ésta época de pandemia, es momento de volver a una navidad tradicional, a redescubrir el verdadero misterio de la navidad, rezar la novena en familia, cantar villancicos, componer un pesebre, volver a disfrutar la maravilla de recordar el nacimiento de Jesús, profundizar en el misterio de la encarnación, y aquel regalo excepcional de Dios entre nosotros, Jesús verdadero Dios y verdadero hombre.

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Robles E4—27 y 09 de Octubre

Parroquia Santa Teresita

Quito—Ecuador. ​

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